San Martin, ubicado a 763 Kms de Lima, y a unos calurosos 3080 msnm aproximadamente, se me hace … tan lejano.
Cojo unas prendas ligeras, mi infaltable repelente y los meto con fuerza en mi mochila. Mi autobús parte a la 1 pm y ya son las 12. A correr.
Me adueño del mejor asiento, el de la ventana más grande que yo y con la cálida compañía de mi mamá y de mis canciones favoritas atrapadas en mi mp3, pienso que este viaje será lo mejor que he hecho en mucho tiempo.
Lima se va quedando atrás, bella, pero gris. El bullicio de la ciudad, el smog y el mar de a pocos se alejan de nosotras para dar pase a lo que describo , como la más hermosa de las postales.
La Sierra y su esplendor deslumbran mis pupilas con un Inti fuerte y grande que deja reposar sus rayos sobre los verdes arrozales, árboles de frutas y avecillas que jamás había visto. La cordillera que protege en su regazo a toda la sierra peruana, los ríos transparentes que permiten ver peces de todos los tamaños y sabores.
Las polleras de las mujeres que labran la tierra combinan con la intensidad de colores que se muestran imponentes por doquier; y los sonidos que producen sus lampas acompañan al cantar de las cascadas infinitas.
Ya llevo medio día de viaje. Qué rápido. El tiempo corre cual apurado maratonista. Estoy encantada con la Sierra peruana y ni me imagino lo que me espera por recorrer.
Ahora, todo está oscuro. El chofer ya encendió las luces del auto y aunque me esfuerzo, ya no veo absolutamente nada. Buenas noches mamá. Cierro mis ojos e intento dormir, pero el vaivén del ómnibus me recuerda que mi aventura, aún no empieza.
Al fin desciendo del autobús. Exactamente 24 horas de trayecto, pero vaya que valen la pena.
¡Cielos!, este debe ser el sitio más encantador de lo natural. Cientos de árboles diferentes, exóticos. Escucho a una cantidad sin fin de loros cantar al cielo, el cual se muestra aquí, en su traje más azul.
Cierto aire místico rodea San Martín. Sus flores multicolores, inmensas mariposas y gigantescos frutos simulan estar… bajo algún hechizo.
Aquí el sol quema y la noche sopla con timidez. ¡Oh la noche!...si miras arriba, sientes como si la bóveda azul, se hubiera abierto por completo. Hay tantas estrellas… tantas. Es único.
La brisa que percibo aquí es de la más pura, como la sonrisa de los lugareños.
A decir verdades, antes de llegar aquí, solo pensaba quedarme 3 días, pero tras todo lo que les he contado, decidí quedarme por mucho más tiempo, pues en este lugar se respira felicidad. Con mucho o poco, quisiera quedarme, vivir aquí.
Sin embargo, con tristeza y mis deberes jalándome de la mano a Lima, pongo punto final a mi viaje a San Martín. Mi regreso a Lima pesa, pues estoy repleta de anécdotas enmarcadas con bellísimas imágenes que no podré borrar de mi memoria.
Cierro mi diario con una frase sincera con la cual, termina mi travesía: “Si prefieres viajar fuera de Perú, es porque aún…no lo conoces”.
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